Durante años pensamos en el intestino principalmente como el lugar donde digerimos los alimentos. Hoy sabemos que la historia es mucho más interesante.
En nuestro intestino viven billones de microorganismos que forman la microbiota intestinal, un ecosistema relacionado con numerosos procesos del organismo. Uno de los campos que más interés despierta actualmente es su posible relación con el cerebro.
Esta comunicación entre el sistema digestivo y el sistema nervioso se estudia dentro del llamado eje microbiota-intestinocerebro. La investigación en humanos ha encontrado diferencias en la composición de la microbiota de personas con deterioro cognitivo leve o enfermedad de Alzheimer frente a personas sin estas condiciones. Sin embargo, encontrar una relación no significa haber demostrado que una sea la causa de la otra.
Entonces, ¿cuidar nuestra microbiota puede prevenir el Alzheimer? La respuesta científicamente responsable es: todavía no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que la relación entre intestino y cerebro se ha convertido en un campo serio de investigación y que sus hallazgos merecen atención.
La demencia no es una consecuencia inevitable de envejecer
La demencia es un término que engloba distintas enfermedades que afectan la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. La enfermedad de Alzheimer es su forma más frecuente y representa aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 alrededor de 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo y cada año se presentan cerca de diez millones de nuevos casos. La OMS también señala que la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Para las mujeres existe una dimensión adicional: la OMS informa que la demencia las afecta de manera desproporcionada y que ellas asumen aproximadamente el 70 % de las horas de cuidado de las personas que viven con esta condición.
En julio de 2026, la OMS actualizó sus directrices sobre reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia. El organismo estima que hasta un 45 % del riesgo puede estar relacionado con factores modificables y recomienda actuar a lo largo de la vida sobre aspectos como actividad física, tabaquismo, consumo de alcohol, alimentación, participación social y cognitiva, hipertensión, diabetes, colesterol, pérdida auditiva y exposición a contaminación del aire, entre otros.
Cuidar el cerebro, por lo tanto, no comienza cuando aparecen los problemas de memoria. Es una tarea de toda la vida.
¿Qué tiene que ver el intestino con el cerebro?
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional en la que participan vías nerviosas, inmunológicas, metabólicas y hormonales. La microbiota intestinal forma parte de ese complejo sistema. Por eso se investiga si determinadas alteraciones de la microbiota pueden estar relacionadas con el deterioro cognitivo y con enfermedades neurodegenerativas.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en European Journal of Neurology, que reunió 34 estudios de casos y controles, encontró diferencias en características de la microbiota intestinal entre personas con enfermedad de Alzheimer, deterioro cognitivo leve o deterioro cognitivo subjetivo y controles sanos.
Sin embargo, la fotografía científica continúa evolucionando. Un metaanálisis publicado en 2026 encontró que las diferencias en diversidad microbiana no son lo suficientemente consistentes como para utilizarse hoy como un biomarcador fiable de Alzheimer o deterioro cognitivo leve. Sí se observan alteraciones en la estructura de las comunidades microbianas y en determinados grupos bacterianos, pero la heterogeneidad entre estudios limita las conclusiones.
Asociación no significa causalidad
Este punto es fundamental: encontrar una microbiota diferente en personas con Alzheimer no demuestra que esa alteración haya causado la enfermedad.
La propia enfermedad, la edad, la alimentación, los medicamentos, la actividad física, otras condiciones de salud y muchos factores más pueden influir simultáneamente sobre la microbiota y sobre la salud cerebral.
La ciencia está encontrando conexiones importantes entre microbiota y cerebro, pero todavía intenta establecer qué cambios pueden contribuir a la enfermedad, cuáles pueden ser consecuencia de ella y cuáles simplemente aparecen asociados.
¿Qué sabemos sobre los probióticos y la función cognitiva?
En los últimos años se han realizado ensayos clínicos en los que personas con deterioro cognitivo leve o enfermedad de Alzheimer recibieron determinadas formulaciones probióticas.
Un metaanálisis publicado en 2025 reunió 15 ensayos clínicos aleatorizados con 994 participantes y encontró una mejoría estadísticamente significativa de la función cognitiva en los grupos que recibieron probióticos frente a placebo. Los resultados variaron según factores como las cepas utilizadas, la dosis y la duración de la intervención.
Otro metaanálisis de 2025, con criterios más restrictivos, incluyó cuatro ensayos doble ciego y 251 personas mayores de 65 años con Alzheimer diagnosticado. También encontró una señal favorable sobre la función cognitiva, pero con una heterogeneidad considerable entre los estudios. Sus autores señalaron que se necesitan más ensayos clínicos bien diseñados antes de establecer protocolos de tratamiento.
La conclusión responsable hoy es que existe evidencia clínica emergente que justifica seguir investigando la relación entre microbiota, probióticos y función cognitiva, y que los resultados parecen prometedores.
Lo que sí podemos hacer hoy por nuestro cerebro
Mientras la investigación sobre el eje microbiota-intestino-cerebro continúa avanzando, existen acciones con un respaldo mucho más establecido para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Las directrices de la OMS de 2026 recomiendan una perspectiva integral a lo largo de la vida: mantenerse físicamente activo, no fumar, reducir el consumo de alcohol, seguir una alimentación saludable, mantener tu flora intestinal recuperada, en especial, si has tomado antibióticos, participar en actividades sociales y de estimulación cognitiva, controlar condiciones cardio metabólicas como hipertensión, diabetes y colesterol elevado, atender la pérdida auditiva y reducir, cuando sea posible, la exposición a la polución del aire.
La idea central es sencilla: no existe una única acción capaz de proteger por sí sola nuestro cerebro. La salud cerebral forma parte de la salud integral.
¿Y dónde entra la microbiota?
La microbiota intestinal sigue siendo relevante para nuestra salud. La investigación del eje microbiota-intestino-cerebro ayuda a comprender que el intestino no funciona de manera aislada y abre preguntas científicas importantes sobre la relación entre microorganismos, metabolismo, sistema inmunitario y sistema nervioso.
En el caso de los probióticos, hay otra precisión esencial: sus efectos no son automáticamente intercambiables. Los resultados obtenidos con determinadas cepas, dosis y formulaciones no pueden atribuirse a cualquier otro probiótico.
¿Qué lugar ocupa Progurt?
Los Probióticos de Cuarta Generación de Progurt están formulados con Aislados de Origen Humano (Leche Materna) y aportan una alta concentración de microorganismos beneficiosos por dosis (1000 billones de UFC). Su propósito es la de apoyar el equilibrio de la microbiota intestinal.
Nuestras cepas de origen humano tienen la capacidad de formar colonias estables de bacterias benéficas en el intestino que estimulan la producción de Serotonina (hormona de la calma) y de Ácidos Grasos de Cadena Corta – AGCC – como el butirato, que son antiinflamatorios naturales. Estos metabolitos son importantes para ayudar a mantener la salud emocional.
La investigación sobre el eje microbiota-intestino-cerebro es fascinante precisamente porque continúa evolucionando.
Una conversación que apenas comenzamos a comprender
Una de las enseñanzas más interesantes de la investigación moderna es que nuestros órganos y sistemas no funcionan de manera aislada. El intestino se comunica con el cerebro, a través del nervio vago, el cerebro influye sobre el intestino y la microbiota forma parte de esa conversación.
Sabemos que se han observado diferencias en la microbiota de personas con deterioro cognitivo y Alzheimer. Sabemos también que algunos ensayos clínicos con determinadas formulaciones probióticas han producido resultados prometedores.
Mientras llegan respuestas más definitivas, la evidencia disponible sí permite una conclusión sólida: cuidar nuestra salud física, nuestra microbiota intestinal, cardiovascular, metabólica, cognitiva y social a lo largo de la vida forma parte de la estrategia más respaldada para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Porque cuando hablamos de vivir más años, la verdadera aspiración no debería ser solamente sumar tiempo, sino llegar a esos años con la mejor salud posible.
Preguntas frecuentes
¿Qué relación existe entre la microbiota intestinal y el cerebro?
La microbiota forma parte del eje microbiota-intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional en el que participan mecanismos nerviosos, inmunológicos, metabólicos y hormonales. Es un campo activo de investigación.
¿La microbiota intestinal está relacionada con el Alzheimer?
Diversos estudios han encontrado diferencias en la microbiota intestinal de personas con Alzheimer o deterioro cognitivo frente a controles sanos. Sin embargo, esas asociaciones no demuestran por sí mismas que los cambios de la microbiota sean una causa del Alzheimer.
¿Qué puedo hacer para reducir el riesgo de demencia?
La OMS recomienda actuar sobre factores modificables a lo largo de la vida, incluyendo actividad física, tabaquismo, consumo de alcohol, alimentación, fortalecer la flora intestinal, actividad social y cognitiva, hipertensión, diabetes, colesterol, pérdida auditiva y exposición a contaminación del aire, entre otros.
Fuentes científicas principales
- Organización Mundial de la Salud. Risk reduction of cognitive decline and dementia: WHO guidelines, second edition. 15 de julio de 2026.
- Organización Mundial de la Salud. Demencia. Ficha informativa, 3 de julio de 2026.
- Chen G, et al. Gut microbiome characteristics in subjective cognitive decline, mild cognitive impairment and Alzheimer's disease: a systematic review and meta-analysis. Eur J Neurol. 2023.
- Gut microbiota alterations in Alzheimer's disease and mild cognitive impairment: A systematic review and meta-analysis. 2026.
- Peng T-R, et al. Effectiveness of probiotic supplements on cognitive function in mild cognitive impairment and Alzheimer's disease: A meta-analysis of randomized controlled trials. Gen Hosp Psychiatry. 2025.
- Liu W, et al. Efficacy of probiotic supplementation in influencing cognitive function in Alzheimer's disease: A systematic review and meta-analysis. J Food Sci. 2025.
Aviso: Este artículo tiene fines educativos y no reemplaza la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. Los productos Progurt no están destinados a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir la demencia o la enfermedad de Alzheimer.

